Relato: Voces desde el más allá

Para el tema de la semana: Ciencia y tecnología.

‒El primer intento de crear algo parecido vino de parte de Thomas Edison. Imagino que algo os habrán hablado de él en clase de historia o de ciencias. Bueno, por si no ha sido así, te resumo que fue un gran inventor norteamericano. De aquello hace más de un siglo, así que, por supuesto, fue una cosa mucho más modesta. Un teléfono.

El hombre caminaba despacio, seguido un par de metros más atrás por el niño. A cada paso que daban levantaban una pequeña nube de polvo que tardaba varios minutos en volver a posarse del todo. El sol a sus espaldas creaba largas sombras que precedían su camino, pero apenas sentían su calor.

‒Papá, ¿qué es un teléfono?

‒Los teléfonos eran unas máquinas parecidas a nuestros terminales portátiles, pero que estaban fijados a un sitio con cables y no podían llevarse de un lado a otro. Y sólo servían para hablar.

‒Ajá.

‒Pues, como te decía, ése fue el primer intento, y fue un fiasco. O probablemente una mentirijilla para hacer que la gente hablara de él. ¿Te imaginas? A principios del siglo XX, cuando ni siquiera había televisores en las casas, y el bueno de Edison viene con que está trabajando en un teléfono para hablar con los muertos. ¡Imagina el revuelo que se pudo montar! Pero no fue nada con lo que vendría un siglo después.

‒¿Qué vino un siglo después, papá?

‒Pues el segundo intento. La tecnología había avanzado muchísimo. Ahora los teléfonos cabían en la palma de la mano, cada uno de ellos tenía la capacidad de un superordenador, y estaba conectado con el mundo entero. Habíamos hallado la cura para enfermedades que no mucho antes eran mortales. Pusimos las primeras piedras (o cavamos las primeras paladas de polvo) de la colonia en la Luna. Algunos incluso creen que los experimentos sobre los que tanto se habló para implantar un cerebro humano en otro cuerpo realmente tuvieron lugar, y fueron un éxito.

»A pesar de todo, al principio fueron mayoría los escépticos. Siempre ha habido disparidad de opiniones respecto a la vida después de la muerte, ¿sabes? A fin de cuentas, y hasta el momento, había sido una cuestión más filosófica y espiritual que científica. Pero como dijo un gran escritor, cualquier tecnología suficientemente avanzada no se distinguiría de la magia. Y a eso se pusieron los científicos que empezaron a trabajar en el prototipo de la máquina que permitiría hablar con los muertos: a hacer que pareciera magia.

‒¿Y lo consiguieron?

El niño había acelerado el paso hasta situarse a la altura de su padre. Estaba atrapado por la historia que se le narraba, y pareciera como si, caminando más deprisa, la respuesta a sus preguntas fuera a llegar más rápido.

‒A su debido tiempo, hijo. Al principio, casi nadie los tomaba muy en serio. Era un proyecto pequeño, con escasa financiación. Pero en unos años llegaron los primeros resultados. Verás, según la teoría de cuerdas, hay hasta once dimensiones en el universo, y en teoría sería posible incluso viajar atrás en el tiempo, o abrir portales a otras dimensiones. ¿Y si el más allá no era otra cosa que una dimensión superpuesta a la nuestra? Entonces sería posible establecer una comunicación, e incluso viajar de un lugar a otro. Y lo primero se consiguió, aunque sólo en un sentido.

‒Papá, creo que me he perdido.

‒Perdona. Lo que quiero decir es que se consiguió escuchar el más allá, o algo parecido. Mediante aparatos de radio muy complejos se recibieron una serie de mensajes, que al limpiarse y procesarse resultaron estar en un idioma desconocido. Se extendió la idea de que estaban en enoquiano, la supuesta lengua angelical que inventara el ocultista John Dee en el siglo XVI, pero pronto algunos de sus escasos conocedores salieron a desmentirlo. Esto era algo diferente, desconocido. Sin embargo, todos los lingüistas consultados coincidían en que, analizando sus estructuras, inflexiones y pausas, era sin duda un lenguaje hablado.

»Entonces el interés por el invento se disparó. Imagina las consecuencias que podría tener para nuestra civilización el descubrir que el más allá era real. Que realmente podíamos ir al paraíso y pasar allí la eternidad. Muchos creyeron que semejante descubrimiento podría traer incluso la paz mundial. ¿Quién arriesgaría su pasaporte a la vida eterna en el Edén por cuestiones terrenales y temporales como el dinero, o el poder? La financiación aumentó y la plantilla de científicos pasó a estar compuesta por varios cientos, y luego miles.

‒¿Y entonces sí que lo consiguieron?

‒Sí, lo consiguieron. Es decir, obtuvieron un resultado, aunque no fue exactamente el que buscaban. Aplicando nuevos avances teóricos y la mejor tecnología experimental que el dinero podía comprar, finalmente la máquina fue una realidad. Habían seguido recibiéndose mensajes en el idioma extraño, y un equipo de lingüistas comenzó a trabajar para incorporar un módulo de traducción. Éste estuvo finalizado prácticamente al mismo tiempo que la máquina, así que todo se estrenaría a la vez. Luego nos enteraríamos que realmente ya se habían conseguido traducir algunos extractos de mensajes, pero su contenido no había trascendido.

»El día en que la máquina se pondría en funcionamiento fue un acontecimiento a escala global, incluso mayor que la llegada del hombre a la Luna. Se retransmitió en tiempo real en todo el planeta, llegando a ocho mil millones de personas simultáneamente. Sé todo esto porque yo era uno de los científicos presentes, y estuve allí cuando la activamos. También por eso sé que todo fue mal desde el principio. Si nos atenemos a los resultados de manera objetiva, la máquina fue un éxito. Consiguió establecer una vía de comunicación con otra dimensión, la que hasta ese momento habíamos llamado más allá. Sin embargo, no sólo permitió que viajaran palabras.

»Por desgracia, no pudimos demostrar la existencia del Cielo. El primer mensaje nos lo dejó muy claro, pero ya era tarde. El portal ya no podía cerrarse, y ellos pudieron entrar. Unos pocos conseguimos escapar de allí y ponernos a salvo en esta base, pero el resto estaba condenado.

El padre se detuvo, y su hijo lo hizo con él. Señaló hacia la gran esfera en el cielo negro estrellado. La tierra, antes azul y blanca, ahora tenía el color gris de las nubes eternas, bajo las cuales brillaba un maléfico verde radiactivo. Desde la superficie de la Luna, aparecía como un enorme planeta muerto por el efecto invernadero y la radiación.

‒¿Y cuál fue ese primer mensaje?

‒La primera voz traducida que nos llegó decía «El Cielo no existe, sólo el Infierno. Cerrad el portal antes de que sea demasiado tarde».

Julio Squire. 18 de abril de 2022.

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